Una entrevista que el célebre escritor colombiano Fernando Vallejo le concedió a Eleftherios Makedonas con el motivo de la traducción por él al griego y la publicación en Grecia por la editorial Nissides de su novela El Desbarrancadero (2001).
Publicada por la Revista de Estudios Colombianos – No. 66 (julio-diciembre de 2025) – de la Asociación de Colombianistas:
https://colombianistas.org/ojs/index.php/rec/article/view/366/312

Introducción
Mi encuentro con Fernando Vallejo fue una especie de profe-cía autocumplida: ya había traducido al griego la obra maes-tra de Juan Goytisolo Don Julián –el manifiesto por excelencia del peligro inherente en cada forma de pensamiento separatista, como el nacionalismo y la religión organizada, especialmente el cristianismo, con toda la fricción y violencia que conlleva– y la novela breve de un escritor latinoamerica-no contemporáneo: Asco. Thomas Bernhard en San Salvador, del salvadoreño Horacio Castellanos Moya. Me puse a buscar otras voces igualmente herejes que arremetieran contra los males de la adhesión dogmática a ideas exclusivistas como la “nación”, la “patria”, el “dios”, y me topé con don Fernando y su novela exquisita El desbarrancadero. Ahí estaba: un escritor como debería ser todo escritor verdadero. Auténtico, original, sincero, antisistema, anticon-formista, hereje, apóstata, renegado, iconoclasta, provocador, inclasificable, misántropo pero con una honda preocupación por lo verdaderamente humano; antisocial, pero profunda-mente preocupado por las víctimas de esta sociedad humana enferma; apolítico, pero siempre en pro de los débiles, los pobres, los sensibles, los agraviados. Y mucho más: amante de los animales, vegano, libertario. Es decir, un hombre libre. De los pocos que aún existen. Y, sobre todo, una persona amable, de las más amables que he conocido, aunque toda-vía no nos hayamos visto en persona. No escatimó tiempo ni energía para ayudarme en todo lo que necesité durante el proceso de la traducción –y sí que puedo hacerme bastante irritante en mi perfeccionismo obsesivo. En eso me voy a quedar, porque en lo demás ya todo el mundo sabe que Fernando Vallejo es una figura colosal de la cultura colombiana contemporánea: un escritor, un pensador, un artista que, dentro de un panorama social y político aterrador, lleno de violencia, injusticia y dolor como ha sido el de Colombia durante siglos, pudo sobrevivir y erigirse solo contra todos, incendiando con su palabra –la misma palabra hacia la que no ha sido más complaciente– cada mal, cada institución corrupta, cada mentalidad petrificada, cada creencia irracional, cada ideología monolítica de las que han hecho de Colombia y del mundo la pesadilla que son hoy. ¿Y qué decir de su El desbarrancadero? Se trata, sin duda alguna, de una de las novelas más emocionantes, intelectualmente provocadoras, humanas, desgarradoras, artística y literariamente cumplidas, poéticas que uno podría imaginar y desear. Una entrevista con un escritor así y una novela como esta me pareció una conditio sine qua non después de un proceso de traducción tan largo y exigente como ha sido este. Y ahí la dejo para los lectores con un espíritu igualmente desafiante y provocador –idóneamente del todo libre– de esta revista.La entrevista tuvo lugar, electrónicamente, el lunes 17 de junio de 2024.
Aviso importante
Vallejo es y seguirá siendo siempre Vallejo. Esa es la razón por la que nosotros, sus adeptos, lo adoramos. Nadie debería reprocharle el hecho de haber sido siempre tan auténtico, tan original, tan atrabiliario y desafiante. Ni a nosotros que coincidimos con la mayoría de sus posturas radicales. Sin embargo, es necesario subrayar que todo lo contenido en la entrevista que sigue pertenece y expresa exclusivamente al entrevistado, y en parte al entrevistador, autor de las pregun-tas formuladas. Nada tiene que ver con las opiniones o posturas de esta revista ni de su equipo editorial.
La entrevista
Eleftherios Makedonas: Estimado Sr. Vallejo, ¡Es un placer tener la oportunidad de hablar con usted! Como usted sabe, acaba de publicarse en Grecia su novela El desbarrancadero traducida al griego, por un servidor. En la novela se abordan muchos temas centrales, siendo tal vez el predominante el de la violencia. Se ha dicho y escrito mucho sobre la violencia colombiana. Muchas razones para explicarla se han propuesto, pero ella está siempre ahí, invariable, si no aumentando. ¿Cómo puede suceder eso?
Fernando Vallejo: No solo en Colombia ha aumentado la violencia sino en todo el mundo: mire, en el día de hoy, los desplazados y los muertos en Sudán, Gaza y Ucrania. Y estamos al borde de una guerra nuclear.
EM: ¿Qué fue exactamente lo que llegó a denominarse Violencia en Colombia? ¿Fue una revolución social, una reacción natural del pueblo frente al aumento vertical de la represión por parte del poder que se desencadenó a partir del asesinato de Gaitán, o una lucha entre caudillos y dignatarios locales que pretendieron imponer a escala nacional su propia “visión” de lo que el país y el poder debían ser?
FV: La Violencia, como la llamaron en Colombia, con mayúscula, fue una guerra civil no declarada, a mediados del siglo XX y en el campo, entre los dos partidos políticos del país, el conservador y el liberal, la cual dejó cientos de miles de desplazados y muertos. Hoy nadie se acuerda de ella ni a nadie le importa. Se terminó cuando los dos partidos se pusie-ron de acuerdo para repartirse por partes iguales el poder durante 16 años, o sea durante cuatro elecciones presiden-ciales, y ese acuerdo de paz lo llamaron el Frente Nacional. Todo muy cínico y muy miserable. ¡Y pensar que se habían pasado todo el siglo XIX en similares guerras civiles entre los dos mismos contendientes, y el siglo XX lo comenzaron con la Guerra de los Mil Días, toda una matazón! La humanidad no tiene remedio, lo mejor es que se acabe.

EM: Pero a la vez, uno podría pensar con razón que la Violencia fue el resultado natural de un estado de cosas que siempre favoreció, a escala inimaginable, la injusticia económica y social, la concentración de toda la riqueza en manos de unas pocas familias, excluyendo por completo las grandes masas del pueblo y negándoles hasta los mínimos recursos de subsistencia.
FV: Esos son lugares comunes. Los ricos son malos, los pobres son malos, la humanidad es mala y no va sino para su final, su tan anunciado Apocalipsis.
EM: También tienen cierta razón aquellos que dicen que la violencia en Colombia y en América Latina ha sido promovida enérgicamente por los EE. UU., especialmente durante la época de la Guerra Fría, como una manera de imponer sus propios intereses coloniales e imperialistas en la región.
FV: ¡Qué va! Los colombianos tienen la culpa de su miserable destino. Lo cual no quiere decir que los norteamericanos no sean iguales: son peores.
EM: Por otra parte, yo tiendo a pensar que la violencia bien podría ser nada de todo eso. ¿Tal vez solo una irrupción más de aquella locura irascible, tan propia de la especie humana? ¿Piensa usted que, aparte de todos los análisis, las causas atribuidas, los libros y los artículos escritos, la violencia colombiana – y la violencia humana en general – parece todavía algo en gran medida inexplicable?
FV: No es inexplicable. Lo que pasa es que el hombre nace malo y la sociedad lo empeora.
EM: ¿Piensa usted que la violencia se puede comprender más bien a través de unas categorías antropológicas? ¿Está inscrita en nuestro ADN?
FV: La violencia no solo está en la sociedad humana sino en la selva, en las pocas que quedan: unos animales comiéndose a los otros, la guerra de todos contra todos.
EM: ¿Son los colombianos más violentos que todas las demás naciones del mundo o es más adecuado hablar de la violencia humana en general?
FV: El ser humano es la misma basura en todo el globo terráqueo.
EM: Pero en toda contienda, suele haber un iniciador, comúnmente llamado perpetrador, y alguien que sufre las consecuencias, conocido como víctima. ¿Tienen exactamente la misma responsabilidad todas las partes involucradas en la violencia colombiana: los gobiernos derechistas, los paramilitares, los narcotraficantes y los guerrilleros?
FV: La culpa de la violencia colombiana la tienen todos los colombianos, y la del mundo todos los humanos, de los que le acabo de decir que son una basura terráquea, pero me quedé corto: son una basura cósmica. En el cosmos, hasta donde sabemos por los telescopios Hubble y James Webb, más los muchísimos situados en tierra mirando al infinito, no se conoce algo peor que esto.
EM: Otro tema que permea El desbarrancadero es una abominación total de la idea de la nación y la patria. ¿De dónde proviene su indignación – no sé si se trata de odio – hacia su nación, Colombia? ¿Tendría usted los mismos sentimientos antinacionales si tuviera cualquier otra nacionalidad?
FV: Sí. Tendría los mismos sentimientos antinacionales y antipatrióticos si perteneciera a cualquiera de las otras 200 naciones que están en la ONU, un basurero de naciones.
EM: ¿Por qué es tan catastrófico el apego a una concreta nacionalidad? ¿Es igualmente catastrófico para el hombre cualquier apego a una idea grande, símbolo o fantasía personal?
FV: Yo solo puedo hablarle lo que me pasa a mí, y lo que me pasa a mí es muy triste: vivo en un caos absoluto. La dicha mía es que estoy perdiendo la memoria desde que me atiende el doctor Alois Alzheimer, mi médico de cabecera, a quien recomiendo mucho: le quita a uno todas las preocupaciones.

EM: ¿Es por esa misma razón que usted odia también la religión? ¿Porque nos exige adherirnos a una mera ficción que nosotros mismos creamos y que nada tiene que ver con la realidad?
FV: Yo odio más las religiones que las patrias. Y más que las patrias y las religiones juntas odio a las madres. La mujer que me parió a mí se me hace infame. Quisiera matarlas a todas, extinguirlas, quemarlas.
EM: ¿Se limita su problema solo a la religión católica, la cristiana, o cualquier tipo de religión en general?
FV: A todas, empezando por las semíticas, o sea: el judaísmo, el cristianismo, y el Islam. Y siguiendo con el budismo y el hinduismo, y cuantas todavía haya y pueda haber.
EM: ¿Por qué insiste usted en que Dios no existe? ¿Qué pruebas tiene usted para eso?
FV: Nunca he dicho que no existe. Sí existe, y es un Ser Malísimo. Es más malo que el papa y que el patriarca de Alejandría.
EM: ¿Por qué no le gustan a usted los papas?
FV: Por viejos y feos. Y porque me huelen mal y me inspiran asco.
EM: ¿Es por todo eso que usted escribió su obra La puta de Babilonia (2007)?
FV: Sí, pero ahí me quedé corto. Ando escribiendo otra en que voy más allá. No le digo el título porque me lo roban. Además de paridora, la humanidad es ladrona.
EM: Tanto la idea de la nación como la de la religión han causado mucha sangría en Colombia y en todo el mundo. ¿Es porque todas esas fantasías escinden a los seres humanos, los hacen tomar partido, fragmentarse; y entonces la violencia es la consecuencia inevitable?
FV: Propugno por el derramamiento de sangre, pero huma-na, no de los animales porque a estos yo los quiero. Hasta a los tigres de Bengala, que me pueden comer.
EM: Y la familia, ¿qué es? ¿Una invención astuta de la religión para controlar a los individuos y la sociedad probablemente?

FV: La familia es la que está retratada en El desbarrancadero, el libro que tú tradujiste del español al griego: un infierno que se las da de paraíso.
EM: ¿Por qué ya tenemos que cesar de reproducir? ¿Resolvería eso muchos de nuestros problemas actuales?
FV: Todos. Sin reproducción no hay humanidad, y sin humanidad no hay desgracia. Ojalá la guerra nuclear logre acabar con esta plaga.
EM: La violencia del ser humano no tiene como único blan-co a otros seres humanos. Se dirige, aún más feroz e implacable contra todo lo que nos rodea, como el ambiente natural y el clima. En El desbarrancadero usted también hace muchas referencias a la actitud catastrófica del hombre contra el ambiente.
FV: El ambiente y el clima no me importan, que se joda el ser humano. Los que a mí me duelen son los animales. Los animales son mi prójimo, así no lo haya dicho Cristoloco, o sea, el loco Cristo. Los judíos, que por naturaleza son muy malos, lo colgaron de dos palos pero no lo borraron; por el contrario, lo glorificaron. Lo convirtieron en el ser más bueno de la especie humana. ¡Cómo no voy a vivir fastidiadísimo con semejante mentira! La más grande que conozco. Una mentira que roza la infamia. Cristoloco era un ser rabioso que sacó a los mercaderes del templo porque estaban vendiendo adentro de ese matadero de animales judío, sus baratijas para ganarse la vida. ¡Los hubiera hecho ricos al nacer, si quería que no vendieran!
EM: Pero antes que todo, a usted le aflige la violencia de los humanos contra los animales. Usted es vegano. ¿Qué significan para usted los animales? ¿Quién es “superior”: el ser humano o el animal?
FV: Son iguales, todos son animales excretores. Más los seres humanos porque comen tres veces al día. Más que un tigre. Los tigres aguantan mucha hambre.
EM: ¿Recuerda usted algunas de las lecturas y autores predilectos de su vida?
FV: A estas alturas del partido no me interesa lo que escriban los demás.
EM: ¿Cuál es el problema fundamental con nuestra ciencia? ¿Es que ella cree que está creando conocimiento cuando en realidad está generando aún más fantasías y ficciones tautológicas y antropomorfas? ¿Quiso usted reflexionar sobre temas como éste en libros como La tautología darwinista (1998)?
FV: La tautología darwinista y otros ensayos de biologíaes un libro que escribí en español y ahí está enterrado, en este idioma de una veintena de paisuchitos subdesarrollados.

EM: Y usted también arremetió contra la Física en su libro Manualito de imposturología física (2005). ¿No cree usted tampoco en la física moderna?
FV: Ni en la moderna ni en la del pasado, ni en Einstein ni en Newton. Las ciencias biológicas son verdaderas ciencias, la física no: es ontología, metafísica, filosofía. Filosofía de borrachos enmarihuanados.
EM: Y tampoco confía usted en los doctores y la medicina…
FV: Sí, pero muy poquito.
EM: ¿Quién era Barba Jacob? ¿Cuál es su lugar en la lite-ratura colombiana y por qué decidió usted dedicar tantos años a la investigación de su vida y obra, tal como las plas-mó en su libro Barba Jacob, el mensajero (1984)?
FV: Por desocupado. Me gasté diez años investigando sobre ese poeta. Hoy en día detesto a todos los poetas, que en esencia son atropelladores del idioma. Lo atropellan para meterlo en las camisas de fuerza de unos ritmos y unas rimas sonsonetudas.
EM: ¿Aparte de los poetas Barba Jacob y Silva, existe algún otro escritor colombiano – y no me refiero a García Márquez – que usted cree que debería leer el lector griego?
FV: Ninguno de los tres, ni ningún otro.
EM: El desbarrancadero no es solo un asalto irascible contra Dios, Colombia, la idea de la nación, la religión, los Papas, la violencia y el irracionalismo humano, sino a la vez una novela emocionante que gira en torno a un hombre: Darío Vallejo Rendón. ¿Quién era él?
FV: Los que lean el libro lo van a saber.
EM: ¿Desempeñó la novela su papel? ¿Logró librarle a usted de su ira, su desolación, su indignación por lo que es la vida y los humanos, es decir, de todos sus demonios?
FV: Ningún demonio. Lo que hay dentro de mí es un ángel que ama a los animales y sufre por ellos.
EM: ¿Y es eso del todo posible? ¿Podemos librarnos de todo, nuestras memorias, nuestro pensamiento, nuestros instintos, la violencia, todas las religiones, los políticos? ¿Se puede vivir absolutamente solo en este mundo, pero libre y feliz? ¿Se puede borrar de una vez nuestro casete?
FV: De un tiro en el corazón se borra, y volveremos a la paz de la nada de la que un día infausto, por obra de un par de delincuentes, nos sacaron.
EM: ¿Cómo está la situación en Colombia hoy? ¿Persiste la violencia, la pobreza y la corrupción o se han mejorado las cosas?
FV: Nada mejora en el mundo, todo empeora, es la realidad del planeta.
EM: ¿Tenemos futuro como especie?
FV: La extinción, gracias a Dios.
EM: ¡Muchísimas gracias por esta conversación tan intere-sante! ¡Ha sido un enorme placer hablar con usted!
FV: Gracias a ti, Lefteris.